15 años, seguimos teniendo quince años. No sé si maduramos o simplemente crecemos, somos más altos, y tenemos más responsabilidades, tenemos pareja, trabajo, algunas casa.... tenemos problemas distintos a los que se tienen a los quince, y al mismo tiempo seguimos teniendo los mismo problemas, y para ser sincera, no hemos cambiado tanto. Como en el instituto, la cabecilla del grupo hace bailar al resto a su antojo, y siempre estaré yo, la desmarcada del grupo, la que no seguía tan al pie de la letra las convicciones sociales y hacía lo que le daba la gana, la rarita.
Seguimos teniendo quince años, con todos sus inconvenientes y todas sus ventajas emocionales, porque cuándo si no es a los quince te tiemblan las piernas y sonríes como una tonta sólo por una mirada o un roce de "ese" chico.
Los quince no están tan mal...
Sólo una vez en nuestra vida en común me bailaste el agua, siguiendo casi cualquier plan que yo propusiera... Teníamos 24 años y yo acababa de perder 7 kilos, no conciliaba el sueño por las noches y pensaba que el mundo se acabaría al día siguiente si en mi móvil no aparecía una llamada perdida de áquel que era mejor que no estuviera en mi vida, aunque yo todavía no lo supiera.
ResponderEliminarCorría el año 2005 y nadie se ha preocupado tanto por mí nunca, demostrándome el verdadero significado de la palabra AMISTAD.
Con cada vez que diste el brazo a tocer me hiciste saber que era importante en tu vida. El resto del tiempo he tenido que aprender a aceptar que por más cabezona que me ponga no conseguiré sacar de ti más de lo que tu quieras dar si intento obligarte. Ahí radica tu encanto.
Y el que no sepa verlo...